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9 de abril de 2026
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En la era de la inteligencia artificial, la automatización y los modelos de negocio en constante mutación, hay una habilidad que los CEO’s sitúan sistemáticamente en lo alto de su lista de prioridades: la creatividad. Según un informe de Forbes, más del 75 % de los directores ejecutivos afirman tener dificultades para encontrar profesionales con esta soft skill. ¿Por qué? Porque es la única capacidad humana que, cuanto más avanza la tecnología, más escasa y más valiosa se vuelve.
Si bien las máquinas son capaces de llevar a cabo tareas y procesos automatizados sin ayuda externa, las empresas necesitan cada vez más profesionales creativos que puedan concebir ideas innovadoras para el futuro de la compañía. A diferencia de las hard skills, la creatividad es una habilidad aplicable a toda la fuerza laboral que tiene el gran poder de permanecer en el tiempo sin correr el riesgo de que pase de moda.
De hecho, el World Economic Forum lleva varios años consecutivos señalando la creatividad como una de las tres habilidades más demandadas del mercado laboral, una tendencia que se mantendrá al menos hasta 2030 según sus proyecciones sobre el futuro del trabajo. En un entorno donde la IA puede escribir código, generar imágenes y analizar datos masivos, la ventaja competitiva de las personas reside en pensar de forma divergente, conectar ideas dispares y proponer soluciones que ningún algoritmo habría anticipado.
Estas capacidades forman parte de lo que hoy se conoce como power skills del futuro: competencias transversales de alto impacto que los líderes más efectivos desarrollan de forma continua.
¿Te imaginas cómo hubiera sido el mundo si nadie se hubiera atrevido a innovar? En términos globales, la creatividad es el motor del progreso. Para los expertos, esta habilidad directiva no solo impulsa el desarrollo personal y global, sino que aporta beneficios concretos y medibles a las organizaciones:
Según el IBM Institute for Business Value, la creatividad ha encabezado de forma consecutiva los informes sobre las habilidades más buscadas en líderes y empleados a nivel global. No es casualidad: en un mercado donde el conocimiento técnico se queda obsoleto cada pocos años, la capacidad de reinventarse y encontrar nuevas soluciones es lo que distingue a las organizaciones que prosperan.
No toda la creatividad funciona igual. Conocer los diferentes tipos ayuda a los departamentos de RRHH y L&D a diseñar programas formativos más precisos y a identificar qué perfil creativo necesita cada rol o equipo.
| Tipo de creatividad | Cuándo se aplica | Ejemplo en L&D |
|---|---|---|
| Generativa | Cuando se parte de cero para crear algo nuevo: productos, procesos o estrategias sin precedente. | Diseño de un nuevo itinerario formativo para un rol emergente en la empresa. |
| Adaptativa | Cuando se mejora o transforma algo ya existente para adecuarlo a nuevas necesidades o contextos. | Actualización de un curso de compliance para alinearlo con nueva regulación. |
| Lateral | Cuando se resuelven problemas complejos saltando las lógicas convencionales y conectando ideas no relacionadas. | Aplicar mecánicas de videojuegos para aumentar el engagement en un curso de seguridad laboral. |
La creatividad no es un don innato reservado a unos pocos. Es una capacidad entrenable que se desarrolla con práctica, metodología y el contexto organizativo adecuado. Estas son las tres conductas clave que los profesionales y sus equipos pueden cultivar:
Uno de los mayores frenos a la creatividad en las organizaciones es el pensamiento de ‘siempre se ha hecho así’. Con la inclusión de la tecnología, los nuevos modelos de negocio y la aceleración del cambio, conformarse con lo establecido puede resultar un error estratégico. Cuestionar implica: ser crítico sin bloquear, analizar las consecuencias de las propuestas sin limitarse por el miedo al error, y aportar ideas que realmente mejoren el rendimiento y la productividad del equipo.
Para crear nuevas ideas, hay que evitar centrarse en el problema y enfocar la energía en las soluciones, buscando vías poco convencionales. Los comportamientos clave que favorecen este proceso incluyen: mantener una mentalidad abierta y orientada a la creatividad, elegir bien el método y la técnica creativa según el objetivo (brainstorming, SCAMPER, mapas mentales, pensamiento lateral de De Bono), apoyarse en la opinión de terceros para ampliar perspectivas, y traducir siempre las ideas en conclusiones concretas y accionables.
Arriesgarse y probar cosas nuevas, superando la pereza y los miedos iniciales a equivocarse, son los pilares para convertir la creatividad en resultados reales. Una idea que no se implementa no aporta valor. Las organizaciones más innovadoras tienen procesos claros para prototipar rápidamente, validar con datos y escalar lo que funciona.
El departamento de RRHH y los responsables de L&D tienen un papel clave en construir el contexto organizativo que hace posible la creatividad. No se trata solo de organizar un taller de brainstorming puntual, sino de integrar el desarrollo de esta habilidad en la estrategia formativa y cultural de la empresa.
Algunas palancas especialmente efectivas:
Plataformas como isEazy Skills permiten incorporar estas competencias dentro de catálogos de habilidades transversales, facilitar su seguimiento y conectarlas con los objetivos de negocio de cada área.
Grupo AKRON es un buen ejemplo de cómo una organización puede abordar de forma sistemática el desarrollo de habilidades transversales como la creatividad. Con isEazy, pusieron en marcha un ambicioso programa de upskilling y reskilling que les permitió alinear el talento interno con las nuevas necesidades del negocio. Descubre cómo lo hicieron →
La creatividad no funciona en el vacío. Para que florezca de forma sostenida en un equipo o en una organización, necesita un terreno fértil: la mentalidad de crecimiento o growth mindset. Carol Dweck, profesora de Stanford, demostró que las personas que creen poder desarrollar sus capacidades con esfuerzo y aprendizaje continuo son significativamente más resilientes, más abiertas a experimentar y más capaces de generar soluciones originales ante la adversidad.
La conclusión para los responsables de formación es directa: no basta con enseñar técnicas de brainstorming o pensamiento lateral. Si los profesionales no creen que pueden ser más creativos, no lo serán, aunque tengan todas las herramientas del mundo. Por eso, cualquier programa de desarrollo de la creatividad debe trabajar también las creencias y actitudes que lo hacen posible.
Equipos con growth mindset cometen más errores —y aprenden de ellos—, proponen más ideas —y las refinan con feedback—, y sostienen la innovación en el tiempo en lugar de agotarla en un único taller puntual. Esa combinación, creatividad más mentalidad de crecimiento, es la ventaja competitiva que ningún algoritmo puede replicar. Si quieres construirla en tu organización, en nuestro whitepaper sobre growth mindset encontrarás las claves prácticas para empezar.
La creatividad como habilidad directiva es la capacidad de generar ideas originales, cuestionar los métodos establecidos y transformar esas ideas en soluciones tangibles que aportan valor real al negocio. Va más allá de la imaginación individual: implica crear entornos que favorezcan la innovación colectiva, donde los equipos se sientan seguros para proponer, experimentar y equivocarse. En el contexto empresarial, un líder creativo no solo resuelve problemas de forma diferente, sino que también inspira a sus equipos a hacerlo. Según el World Economic Forum, la creatividad figura entre las tres habilidades más demandadas del mercado laboral desde 2020 y se mantendrá entre las principales al menos hasta 2030.
Desarrollar la creatividad en los empleados requiere un enfoque sistémico que combine metodología, cultura y formación. Las estrategias más efectivas incluyen: fomentar sesiones de ideación sin juicio como el brainstorming o el método SCAMPER, proporcionar tiempo y espacios para la experimentación, diseñar programas de upskilling que incluyan pensamiento lateral y resolución creativa de problemas, y promover la diversidad cognitiva en los equipos. Es igualmente importante construir una cultura de seguridad psicológica donde los empleados no teman proponer ideas nuevas o cometer errores. La formación continua a través de plataformas de e-learning con contenidos prácticos y gamificados es uno de los canales más eficaces para entrenar esta habilidad de forma escalable.
Creatividad e innovación son conceptos complementarios pero distintos. La creatividad es el proceso de generar ideas nuevas y originales; la innovación es la implementación de esas ideas con impacto real en la organización o el mercado. Dicho de otra forma: la creatividad es el origen, la innovación es el destino. Una empresa puede tener empleados muy creativos y sin embargo no innovar si no existe un proceso estructurado para convertir las ideas en proyectos reales. Por eso, las organizaciones más innovadoras trabajan tanto la creatividad individual —a través de la formación y el desarrollo de habilidades— como los procesos de gestión de la innovación: metodologías ágiles, design thinking y prototipado rápido.
Los CEO’s valoran la creatividad porque es una de las pocas habilidades que los sistemas automatizados y la inteligencia artificial no pueden replicar de forma genuina. En un entorno de cambio constante, la capacidad de adaptarse, proponer soluciones no convencionales y encontrar nuevas oportunidades de negocio depende directamente de tener equipos creativos. Según el IBM Institute for Business Value, la creatividad ha encabezado consecutivamente los informes sobre habilidades más buscadas en líderes y empleados a nivel global. Además, los equipos creativos tienden a estar más comprometidos: la posibilidad de aportar y experimentar aumenta la motivación intrínseca y reduce la rotación, dos factores críticos en el contexto actual del mercado de talento.
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