CASO DE ÉXITO
Cómo Telefónica impulsó las habilidades de su equipo con un plan de reskilling
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1 de mayo de 2026
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El learning by doing o aprender haciendo es una metodología de formación basada en la práctica directa: los profesionales desarrollan habilidades aplicándolas en situaciones reales o simuladas, no solo escuchándolas o leyéndolas. Es el enfoque que mejor explica por qué las personas recordamos el 75% de lo que hacemos frente al 5% de lo que escuchamos, según el NTL Institute.
En un contexto empresarial marcado por la digitalización, la rotación de talento y la necesidad de reskilling continuo, el learning by doing se ha convertido en una de las metodologías más respaldadas por la evidencia para el desarrollo real de habilidades. Según McKinsey, la mayoría de las iniciativas de formación empresarial fracasan precisamente porque no combinan comprensión con experiencia práctica. En este artículo analizamos qué es, cómo funciona y, sobre todo, cómo implementarla para que tenga impacto real en tu organización.
A pesar de que muchas empresas dejan sin explorar el camino del aprendizaje experiencial, no se trata de una metodología nueva. Ya lo expresaba Albert Einstein: «El aprendizaje es experiencia, todo lo demás es información». Y antes que él, Aristóteles lo formuló con más precisión: «Lo que tenemos que aprender a hacer, lo aprendemos haciendo».
A principios del siglo XX, teóricos como John Dewey, Jean Piaget y Kurt Lewin defendían una educación activa, con la convicción de que el aprendizaje «se produce de mejor manera cuando es consecuencia de experiencias significativas». Sus ideas fueron llevadas a la práctica por David Kolb, profesor de la Universidad Case Western Reserve, quien desarrolló el modelo de aprendizaje experiencial que hoy es referencia global. Kolb introdujo juegos, simulaciones y roleplays, obteniendo mejores resultados de atención y retención que con los métodos tradicionales.
El resultado fue el denominado Ciclo de Kolb: un modelo de cuatro etapas que describe cómo los seres humanos aprendemos de la experiencia de forma natural. No es un proceso lineal, sino un ciclo continuo que se retroalimenta. La investigación de la UCM sobre innovación en e-learning ha validado la aplicación de este ciclo en contextos de formación corporativa digital, con resultados positivos en retención y transferencia al puesto de trabajo.
Desde el punto de vista corporativo, McKinsey subraya que el aprendizaje experiencial es el elemento que más falta en los programas de cambio organizacional: la teoría sin práctica no genera cambio de comportamiento, y sin cambio de comportamiento no hay impacto en negocio.
El modelo de David Kolb describe el aprendizaje como un ciclo de cuatro etapas que se repite y refina continuamente. Según WGU, este ciclo es una de las cinco teorías del aprendizaje con mayor impacto demostrado en contextos educativos y formativos:
En la formación corporativa, este ciclo se materializa en ejercicios de aprendizaje basado en juegos, simulaciones, roleplays, proyectos reales y feedback estructurado. La clave es que cada etapa del ciclo esté presente en el diseño del programa formativo, no solo la primera (la experiencia).
Los datos lo confirman con claridad: solo recordamos el 5% de lo que escuchamos, frente al 75% de lo que practicamos. Estos porcentajes provienen del modelo del cono de la experiencia desarrollado por Edgar Dale y ampliado posteriormente por el NTL Institute of Applied Behavioral Science, que midió las tasas de retención según el tipo de actividad formativa.
La implicación directa para la formación corporativa es que los métodos pasivos (conferencias, lecturas, vídeos sin interacción) tienen una eficacia limitada cuando el objetivo es cambiar comportamientos o desarrollar competencias. Por eso, los learning loops o ciclos de aprendizaje repetido son tan relevantes: la retención mejora exponencialmente cuando la práctica se distribuye en el tiempo y se repite en diferentes contextos.
Además de la práctica, otro mecanismo clave es la mímica anticipatoria: cuando aprendemos algo sabiendo que después tendremos que aplicarlo o explicarlo, el cerebro procesa la información con mayor profundidad. Esto explica por qué los ejercicios con consecuencias reales (proyectos, presentaciones, simulaciones evaluadas) generan un aprendizaje más sólido que los ejercicios sin stake.
No toda práctica es learning by doing. Para que una experiencia formativa sea realmente significativa, debe cumplir una serie de condiciones que van más allá de «hacer algo». Estos son los elementos que determinan si una actividad genera aprendizaje real o solo ocupación:
El role-based learning es una de las modalidades que mejor implementa estos principios: cada empleado aprende desde el contexto específico de su rol, con situaciones directamente extraídas de su día a día profesional.
El learning by doing no sustituye a todos los métodos formativos, pero sí marca la diferencia cuando el objetivo es desarrollar competencias aplicables. Esta tabla compara los cuatro enfoques más habituales en la formación corporativa:
| Método | Retención estimada | Mejor para |
|---|---|---|
| Learning by doing | 75% | Power skills, liderazgo, competencias digitales aplicadas |
| Formación presencial clásica | 5–20% | Conocimiento declarativo, normativas, onboarding inicial |
| E-learning tradicional (vídeos) | 10–30% | Conceptos teóricos, procesos, formación a escala |
| Microlearning | 40–60% | Refuerzo de conocimiento puntual, píldoras de actualización |
Implementar el learning by doing de forma efectiva requiere un diseño instruccional que vaya más allá de «añadir ejercicios prácticos» a un programa existente. Estos son los pasos clave para una implementación real:
Para el desarrollo de contenido generado por los empleados, el learning by doing también tiene un papel clave: los profesionales aprenden más cuando son ellos mismos quienes deben demostrar, explicar o enseñar lo aprendido a otros.
Uno de los errores más frecuentes en la implementación del learning by doing es confundirlo con «aprendizaje no estructurado». La práctica sin diseño instruccional no genera aprendizaje: genera frustración o, en el mejor de los casos, aprendizaje accidental. Estos son los errores más habituales:
McKinsey señala que las organizaciones que transforman el aprendizaje experiencial en una ventaja competitiva son las que diseñan sistemas de aprendizaje continuo, no eventos formativos puntuales. La clave está en crear una cultura donde aprender haciendo forme parte del flujo de trabajo habitual.
Telefónica es un ejemplo de cómo aplicar el learning by doing para impulsar programas de reskilling a gran escala en entornos de transformación digital. Ante la necesidad de formar a más de 18.000 empleados en competencias relacionadas con ciberseguridad, Big Data y cloud, la compañía apostó junto a isEazy por un ecosistema formativo basado en contenidos ágiles, experiencias de aprendizaje dinámicas y formación orientada a la aplicación real del conocimiento. La combinación de metodología práctica, contenidos especializados y tecnología de última generación permitió acelerar la adquisición de nuevas habilidades y facilitar la transformación digital del talento interno.
Descubre cómo lo lograron →
En isEazy Skills nos basamos en la metodología learning by doing como fórmula principal para el desarrollo del talento. Todos los cursos del catálogo están diseñados para que los empleados se enfrenten a situaciones prácticas reales, siguiendo el ciclo de Kolb completo: experiencia, reflexión, conceptualización y experimentación activa.
Funcionalidades
Ventajas
Calificaciones
Funcionalidades
Ventajas
Calificaciones
El catálogo incluye programas de power skills (liderazgo, comunicación, pensamiento crítico, gestión del tiempo), habilidades digitales y competencias transversales para equipos de todos los niveles. Cada curso combina microlearning, ejercicios interactivos, escenarios de toma de decisiones y feedback inmediato, con una experiencia de aprendizaje diseñada específicamente para el entorno profesional.
Si quieres ofrecer una experiencia de formación que realmente cambie comportamientos, explora el catálogo completo de cursos prácticos o solicita una demo de isEazy Skills.
El desarrollo continuo de habilidades es también uno de los vectores clave de las tendencias en soft skills que están marcando la agenda de L&D en 2024–2025: las organizaciones que dominan el learning by doing tienen una ventaja estructural a la hora de adaptarse al cambio.
El learning by doing es una metodología de aprendizaje basada en la práctica directa: los profesionales adquieren habilidades aplicándolas en situaciones reales o simuladas, en lugar de limitarse a escuchar o leer sobre ellas. Su eficacia tiene una base neurológica sólida: según el NTL Institute, recordamos el 5% de lo que escuchamos frente al 75% de lo que hacemos. Esto se debe a que la práctica activa refuerza las conexiones sinápticas, facilita la transferencia del conocimiento al contexto laboral y convierte lo aprendido en un hábito duradero. En entornos corporativos, esta metodología es especialmente potente porque permite reducir el tiempo entre formación y aplicación real, acelerando el impacto sobre el rendimiento.
isEazy Skills integra el learning by doing como eje central de todos sus cursos. En lugar de ofrecer contenidos teóricos para memorizar, los programas están diseñados para que cada empleado se enfrente a situaciones prácticas de su día a día: escenarios de comunicación, ejercicios de liderazgo, retos de negociación o simulaciones de toma de decisiones. Los cursos combinan microlearning, ejemplos reales del entorno profesional y práctica repetida con feedback inmediato, siguiendo las cuatro etapas del ciclo de Kolb. El resultado es que los hábitos adquiridos se transfieren de forma natural al puesto de trabajo, con un impacto medible en las habilidades de los equipos. Puedes explorar el catálogo completo de cursos prácticos en isEazy Skills.
La diferencia fundamental es que el learning by doing convierte al alumno en protagonista activo del proceso, no en receptor pasivo de información. Mientras que la formación tradicional (clases magistrales, lecturas, vídeos explicativos) prioriza la transmisión de conceptos, el learning by doing prioriza su aplicación. En la práctica, esto se traduce en ejercicios que simulan situaciones reales, proyectos con consecuencias tangibles y feedback inmediato sobre el desempeño. Comparado con el e-learning estándar, aporta mayor retención y transferencia al puesto de trabajo. Frente al microlearning, ofrece más profundidad en el desarrollo de habilidades complejas como el liderazgo, la comunicación o la toma de decisiones.
El learning by doing es especialmente eficaz para el desarrollo de habilidades que requieren práctica repetida en contextos variables: las llamadas power skills o soft skills (comunicación, liderazgo, pensamiento crítico, gestión del tiempo, trabajo en equipo) y las habilidades digitales aplicadas (uso de herramientas, análisis de datos, gestión de proyectos). También es muy efectivo para competencias técnicas que necesitan ser practicadas antes de aplicarse, como el onboarding en nuevos procesos o la formación en compliance. En cambio, para la transmisión de conocimiento declarativo puntual (normativas, datos de producto), puede complementarse con microlearning más eficientemente.